La vocación de los laicos dentro de la iglesia exige ser responsables de los dones recibidos. Fundamentalmente el don de Cristo de quien debemos dar testimonio con la vida misma, logrando así la santificación del mundo. A los laicos pertenece por propia vocación buscar el reino de Dios tratando y ordenando, según Dios los asuntos temporales… están llamados por Dios, para que, desempeñando su propia profesión guiados por el espíritu evangélico, contribuyan a la santificación del mundo como desde dentro, a modo de fermento. Y así hagan manifiesto a Cristo ante los demás, primordialmente mediante el testimonio de vida, por la irradiación de la fe, la esperanza y la caridad.
Todos estos componentes son aquellos que marcarán el futuro de cada joven, y su adecuada inserción al mundo universitario y laboral, desarrollan actividades de tolerancia, empatía y respeto lo que les garantiza un futuro como ciudadanos exitosos.
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